martes, 10 de marzo de 2015

SCOTT ADKINS: el nuevo rey del cine de acción (III)


Vamos con las últimas películas y novedades en la vida de este crack de las artes marciales. Mientras nos seguimos comiendo las uñas a la espera de Undisputed IV, Adkins ha hecho un poco de todo en estos tres añitos.

Pero antes de ir con lo más fresco, merece la pena rescatar Special forces (2003), una de sus primeras pelis y en la que ya dejaba patente su increíble potencial.
La historia es otra más de marines americanos salvando el mundo en Rusia y alrededores. Tenemos despiadados terroristas, mísiles nucleares, población en la pobreza rescatada por el impecable ejército USA... se alimentan todos los tópicos patrioteros del imperialismo más rancio, pero no olvidéis que el imperialismo no solo luce a través de este tipo de productos bélicos –o en Transformers-; en películas de otros géneros, ya sean comedías, dramas, musicales, etc, nos venden los mismos valores con otro envoltorio y nos los tragamos como si nada.

Así que si ya estás acostumbrado a que te vendan la moto y no te afecta demasiado, estamos, además, ante una cinta con una pobre puesta en escena, que solo llama la atención por sus portentosas escenas de peleas y en las que Adkins –que no es el actor principal-adquiere todo el protagonismo.
Aunque en este caso habría que decir que el protagonismo es compartido, ya que el film también confirma la pericia del director Isaac Florentine para desenvolverse en las escenas de acción, y en especial con los combates cuerpo a cuerpo. Vista la exitosa colaboración que han mantenido hasta ahora actor y director, Special Forces casi resulta un film obligado para los fans de ambos.
Ahora sí, saltamos varios kilómetros de película después para hablar de sus papeles más recientes. Aunque su personaje era muy secundario y plano, la pelea con Statham en Los mercenarios 2 (2012) valía el pago de la entrada, si bien el plato fuerte era el combate Stallone-Van Damme.

Después de su breve aparición en la Oscarizada La noche más oscura (2012), Adkins se metió en el rodaje de una cosa impresentable titulada La leyenda de la tumba del dragón (2013). El asunto va de Adkins –paleontólogo- viajando a China para investigar la supuesta presencia de un animal prehistórico con malas pulgas. Por allí anda a su vez Dolph Lundgren, un duro cazarecompensas que solo quiere sacar pasta del bicho.
Es de suponer que en una producción con dinero Chino de por medio el film supusiera una opción suculenta para Adkins y Lundgren, e incluso hay que admitir que durante una parte –pequeña- del metraje se consigue cierta atmósfera de cine de aventuras a la vieja usanza; pero esta deja de funcionar cuando vemos al Dragón creado por ordenador, criatura que no tiene nada que envidiar a cualquier chapuza proveniente del canal Sy-fy. A los treinta minutos de metraje ya te estás removiendo en el asiento, y preguntándote que hace Adkins metido en tal despropósito. A los cincuenta puede que estés en la cocina, meando, dormido o ahorcándote con el cinturón de la bata.
 A los fans del actor: no pega una condenada patada y da pena verlo entre tanto desbarajuste. Vamos, que os podéis ahorrar el visionado de esta obra maestra estrenada en 3D. ¡Horror!

Desgraciadamente esta no sería la única decepción en la filmografía de Adkins durante 2013. Otro título en el que uno no sabe qué pinta nuestro Scott es Green street 3: Never Back Down. ¿Quería cambiar de registro? ¿Adentrarse en un personaje alejado del prototipo de anti héroe al que nos tenía acostumbrado?
Para eso quizás tendría que haberse buscado algo que, primero, no tuviera un tres a la espalda, y segundo, contase con un guión con más miga. La película de James Nunn no aporta nada que no viésemos mejor contado en la primera parte, esto es, conflictos entre Hooligans de distintos equipos, problemas familiares y violencia callejera. Adkins pelea con los puños y las secuencias de acción están tan mal rodadas que le vemos perdido en varios momentos. La búsqueda de realismo no funciona y el dramatismo es tan impostado que en vez de conmover produce rechazo. Floja y solo para completistas del actor.

Ese año participó en Re-Kill, cinta maldita donde las haya. Se esperaba su estreno para finales de 2013, luego se fue aplazando la fecha durante todo el 2014, y ahora parece que se ha editado fuera de nuestro país en Dvd, aunque en todos lados aparezca como agotada. En una entrevista realizada en 2014, Adkins no quiso hablar mucho sobre la película y cuando le preguntaron sobre la fecha de estreno sus primeras palabras lo dijeron todo: “ya la había olvidado, gracias por recordármelo”.
 
Aunque hay rumores que apuntan a discrepancias entre las distribuidoras Liongate y AfterDark, otras fuentes apuntan a la baja calidad del producto, un remedo cutre de Guerra mundial Z.
Menos mal que ese prolífico año nos trajo al menos una alegría, el tipo de película que cualquier fan espera de él. La segunda parte de Ninja, titulada Shadow of a tear, nos devuelve al mejor Adkins dando patadas y al mejor Isaac Florentine dirigiéndolas.
Ninja II no engaña a nadie. Lo que cuenta ya lo hemos visto mil veces, con familia asesinada, venganza posterior y un montón de caretos serios de por medio. Lo positivo es que el film es pródigo en peleas y que las coreografías te dejan con la boca abierta. Nada que envidiar –en otro estilo- a los insuperables castañazos de las películas de The Raid. Lo negativo es que una vez acaba la secuencia de acción ya estás deseando que llegué la siguiente, porque todo lo demás es paja. Aún así es de alabar el esfuerzo de Florentine por mejorar otros apartados técnicos con respecto a la primera, pues la fotografía está más cuidada y la puesta en escena se sitúa por encima de este tipo de producciones.


Shadow of a tear supone todo un respiro para el fan del actor, que tras varios descalabros por fin volvía a disfrutar de esta bestia parda haciendo lo que mejor sabe hacer: repartir estopa.

Tras sus papeles en la olvidable Hercules: el origen de la leyenda (2014) y en la serie Metal Hurlant Chronicles, Adkins protagonizará este año Wolf Warrior y Zero Tolerance. Mientras la primera es una producción China de la que sabemos poco, la segunda, inglesa, trata de dos polis que viajan a Bangkok en busca de venganza. Le acompaña el desconocido Dustin Nguyen.

Pero el estreno que esperamos con impaciencia es su nueva colaboración con Florentine, Close Range, un western moderno al estilo de El protector (2013) o Sin escape (1993) y en el que seguro que la dupla volverá a deleitarnos con grandes momentos de acción Seguiremos informando.

        

sábado, 28 de febrero de 2015

DON "THE DRAGON" WILSON: patadas en el videoclub (III)


En 1991, y también para la Concorde, hizo su primera incursión en la ciencia ficción mamporrera con Kickboxer 2025, tan mala como predice el título. Una mezcla de Desafío total, Terminator y otras distopías en la que Don hace de un ciborg cazarrecompensas que ayuda a una mujer a descubrir al asesino de su marido. La presencia y las ganas de una convincente Meg Foster salvan una parte de la trama, pero lo demás se viene abajo debido a la pobre ambientación y al poco dinero invertido. Chris Penn hace de un ciborg asesino bastante patético y el conjunto es muy olvidable.


En 1992 se embarca en Black Belt, junto a Jacobson y un tal Charles Phillp Moore. Un trabajo más para la New Horizon-Concorde hecho con cuatro perras y con interiores que a veces tiemblan entre puñetazo y puñetazo. Aquí la novedad es que Wilson se mete en la piel de un ex policía que defiende a una cantante de un sádico fan, interpretado por un brutal Matthias Hues, un bicho gigantesco que se carga más gente que Rambo jugando al Call of Duty. La atractiva Deirdre Imershein le pone algo de picante al asunto. 

El co-director Phillip Moore,  bajo el auspicio de la productora de Corman, tuvo la poca vergüenza de rodar un remake encubierto solo un año después. El despropósito fue tal que llegaron a utilizar partes de algunas secuencias en esta nueva versión, titulada Angel of destruction; lo más curioso es que, en general, supera al original gracias a que la protagonista no es otra que la incombustible Maria Ford, en el que probablemente es el mejor papel de su carrera.
Wilson volvería a la ciencia ficción casposa con Cybertracker (1994), un refrito de Terminator poco inspirado pero al menos lleno de pasables momentos de acción. El androide al que se enfrenta nuestro prota aporta físico, pero el traje y las poses de robot hacen de él un personaje bastante risible hoy en día. Don se vuelve a rodear de mujeres bellas, en este caso la desconocida Stacie Foster. Un año después llegaría la inevitable secuela, un despropósito tan barato que añadía metraje de la primera parte para rellenar. 
La única novedad residía en ver a Wilson hacer de Cybertracker malo, enfrentándose al original en una suerte de Replicant chatarrero. Poco más.

Ese mismo año Don rodó Red Sun Rising, la que en mi opinión es la mejor película del actor. Firma Francis Megahy, que dirigió a Pierce Brosnan en un par de producciones antes de ser famoso por James Bond. Aunque la dirección es de telefilm y las sorpresas algo predecibles, el film tiene un guion bastante por encima de la media, mezclando sabiamente humor, acción y suspense. 
                                                                  
La trama es bastante simple: tenemos a un policía intentando vengar la muerte de su compañero a manos de la Yakuza. La cosa se complica cuando el policía interpretado por Wilson tiene que colaborar con una agente inexperta para buscar a los asesinos. Por primera vez en su trayectoria cinematográfica, se juega con la condición medio asiática del actor, dando lugar a diálogos cómicos pero también a otros más adultos de lo habitual. Que el resultado sea una relación simpática y con química se debe, por una parte, a una más que correcta actuación de Wilson, y por otra, al papel interpretado por la bella Terry Farell, que parece sentirse muy a gusto con su personaje y hace que nos enamoremos perdidamente de ella. 
Para los que desconozcan su filmografía, apuntar que estuvo durante muchas temporadas en Star Trek: espacio profundo o en Becker.
Ahí no acaban las bondades del film, que también cuenta con actores como Michael Ironside, Edward Albert o Mako, en un muy divertido personaje. También tenemos a un malo a la altura, James Lew interpreta a un pérfido y silencioso asesino, que además de ser un experto en artes marciales cuenta con un golpe especial muy típico del cine de Ninjas.
Lo dicho, toda una sorpresa dentro de la desangelada filmografía de The Dragon.  

Hasta 2004 siguió haciendo películas con regularidad y apareció en un pequeño papel para Batman Forever. Hasta ese año, y más por destacar algo que por su calidad, tenemos a Wilson en una película de vampiros: Cazador de medianoche (1996), de nuevo a cargo de Jacobson.  Don interpreta a un hierático Cazavampiros al estilo Blade que no tiene ni media conversación inteligente. No ayuda ni un guion monótono y aburrido ni una dirección desganada.
Solo salvaría la aparición –como no- de Maria Ford, una vampira de armas tomar.
En 2002 rueda su último trabajo con algo de interés: Al límite de la ley. En ella Wilson interpreta a un policía que no es del todo integro, y que entra en una organización mafiosa cuando pierde su placa. 
Por descontado hay que añadir que después todo vuelve a su cauce y acaba por regresar a la senda de la ley, pero por el camino llega a mantener relaciones de amistad con dos personajes marginales, algo poco habitual en el cine de The Dragon. Uno de ellos es un mafioso de poca monta al que da vida Chris Penn; el hombre, a pesar de estar en horas bajas, en un par de diálogos demuestra el descomunal talento que tenía.
 El otro personaje es una prostituta interpretada por la espectacular Carrie Stevens; playmate de aquellos años que sorprende por la naturalidad y la sensibilidad con la que se desenvuelve. Para que luego digan que las películas de Don Wilson no tienen ningún interés. Por lo demás lo de siempre: tiros, un par de buenas peleas y un final con algo de moraleja pero sin pasarse.

Tras unos lustros con escasas y muy mediocres apariciones, este último año Don parece empeñado en querer relanzar su carrera, pero viendo lo que se va a estrenar de él (El rey escorpión 4, entre otras), parece seguir en la línea de siempre.
Lo dicho, Don The Dragon Wilson, genio y figura.

lunes, 23 de febrero de 2015

DON "THE DRAGON" WILSON: patadas en el videoclub (II)


Don “The Dragon” Wilson participó en ocho de las 
nueve películas de Bloodfist, y pese a que el nivel medio de la saga es paupérrimo, no se pueden obviar dentro de la filmografía del actor.

La segunda parte se rodó un año después y fue la única ocasión en la que Wilson repitió papel, ya que en las siguientes películas encarnaría a personajes distintos y las temáticas se adaptarían a los productos de acción que estuvieran de moda. Si Steven Seagal hacía una peli con grupo terrorista y amenaza nuclear (Alerta máxima 2), Wilson hacía lo idem en una base del desierto en Bloodfist 6, Alerta Zero (1995).

En España se dio el curioso caso de que a partir de la tercera parte se borró de la cabecera la palabra Bloodfist y cada continuación se tituló con el subtitulo de la versión americana; de ese modo Bloodfist 3 también se podía rentabilizar como Obligado a luchar, engañando a primera vista a los que no se fiaban de las secuelas. 
Verdaderamente esto daba un poco igual, porque cada historia iba por su cuenta, y lo que en realidad tenían en común era Wilson, sus patadas y la escasa calidad de cada minuto de metraje.

Bloodfist II es un auténtico desastre. La puesta en escena cae en picado con respecto a la primera, el guión es inexistente y las peleas están mal rodadas. Sorprendentemente repite Joe Mari Avellana con otro papel distinto, también de Némesis de Wilson, pero el resultado es nefasto.

Quizás Bloodfist 3, obligado a luchar (1992), sea la película más decente de la saga, aunque no sea decir mucho. En un principio no parece más que otra copia barata de las producciones de cárceles de la época, clásicos de la testosterona como Encerrado o Libertad para morir.

Sin embargo la cinta de Oley Sassone tiene una correcta ambientación y un elenco de secundarios que esta vez sí, rodean muy bien a nuestro Dragón. Destacar el papel del veterano Richard Roundtree -que le roba la cinta a Wilson-, y los villanos, entre los que destacaría a Rick Dean. Vale que está llena de tópicos y es previsible, pero en la parte final abandona los lugares comunes y no termina con la típica pelea a muerte.

En la cuarta parte, Preparado para morir, Wilson encarna con soltura a un tipo que se ve envuelto en una trama contra el crimen organizado; luego se reparten balas, puñetazos y secuestros de hijas. Barata y simple, lo más decepcionante es la pelea entre Wilson y Gary Daniels, que no dura más de un minuto y medio, un desperdicio total. En todo caso se deja ver y al menos la historia no es un plagio de otra.

Bloodfist 5, Golpe por golpe, deviene en un rutinario policíaco con agentes corruptos y algunos tiros, del que solo cabe mencionar la presencia de una voluntariosa Denice Duff (Saga Subspecies) y Steve James (Guerrero americano).

Como decíamos antes, Alerta Zero, la sexta parte, es una versión cutre de Alerta máxima y La Jungla de cristal, con terroristas High Tech imponentes pero bastante torpes. Mala pero al menos visible gracias a unas cuantas peleas y a los saludables aportes humorísticos de nuestro protagonista. 
 

Llegamos a la séptima entrega en el año 95, donde Wilson está en su máximo esplendor físico, pero una vez más la historia no acompaña. Caza humana es un flojo thriller del tipo caza al hombre, que si bien no ofende, se olvida al minuto de haberla visto. Como en casi todas las pelis del actor tenemos a una chica de compañía (¿Chica Dragón?), en este caso la desaprovechada Jilian McWhirter.
 
Tambien McWhirter repite en Permiso para matar, irregular última continuación en la que aparece Wilson, pero una de las mejores de la saga. Aquí Don interpreta a un amable profesor -agente de la Cia retirado- que se ve perseguido por una facción corrupta de la agencia. Creyendo que estará a salvo, huye a Irlanda junto a su hijo, pero no tardaran en dar con ellos. El guión recuerda a Skyfall (Y el título a una de Bond) versión estar por casa, pero claro, esta es anterior.

Aunque el final resulta algo torpón, la cosa se beneficia de la ágil dirección de Rick Jacobson, probablemente el mejor director con el que se ha cruzado Wilson. Hay buenas patadas, muchos tiros, bellos paisajes y un villano de una pieza que da algo de empaque a esta última aportación de Don a la saga.

En 2005, y ya sin la presencia del Dragón, la Concorde produjo Bloodfist 2050, una tv movie desconocida con actor desconocido: Matt Mulins.

Mientras rodaba estos puños sangrientos tuvo tiempo para involucrarse en otros proyectos que, excepto en algún caso, no mejoraban demasiado su caché. Con Rick Jacobson repitió en la entretenida pero algo decepcionante Ring of fire (1991). Y es que –dentro de lo que uno puede esperar en una película de artes marciales- el reparto y la dirección prometían algo más. Tenemos a varios habituales del género: Gary Daniels, Steven Vincent Leigh o Dale Jacoby entre otros, y en el papel de “Chica Dragón” ni más ni menos que a la actriz b favorita de Quentin Tarantino: Maria Ford. 
 
La película peca de un guión algo trabado y la inclusión de unas peleas forzadas que no vienen a cuento.
La destreza de los actores implicados hace que veamos algunos combates decentes, y Wilson se compenetra a la perfección con Steven Vincent Leigh, que no tanto con Maria Ford. Las secuencias que nos cuentan el desarrollo de su historia de amor provocan vergüenza ajena, por no hablar del momento cama. De todos modos ver a María es todo un espectáculo. Como actriz no valía un pimiento, pero tenía –antes de que la cirugía deformase su cara- un carisma muy similar al de Marilyn Monroe, salvando las distancias. Y estaba muy buena, vaya.

En el 93 Wilson se atrevió con la segunda parte, Sangre y acero. Repite la Ford (de morena) pero sale bien poquito. A cambio tenemos una banda de malosos vestidos de peli de Mad Max (no pregunten) vengándose de la muerte de uno de sus miembros, que naturalmente atribuyen al bueno de nuestro Dragón. Para salvar a su novia secuestrada, Wilson se adentra en un mundo subterráneo lleno de bandas pintorescas, muy al estilo de The Warriors pero en pobre. Si pasamos por alto este delirante argumento, Ring of fire 2 es un moderado divertimento, pero como continuación es vergonzante.

La trilogía se cerró con Ring of fire: el golpe del león (1994), llena de escenas de acción bien coreografiadas pero sin interés alguno. Se repite otro de los problemas habituales en la filmografía de Wilson: la falta de un malo que suponga una amenaza para sus habilidades marciales. Aquí tenemos a un tuerce botas ruso que es despachado en un santiamén.
En el siguiente capítulo, más pelis malas y "Chicas Dragón".