miércoles, 14 de agosto de 2013

EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING


The conjuring (The Warren files), 2013, Director: James Wan, Reparto: Vera Farmiga, Patrick Wilson, Lily Taylor.

La película está basada en la historia real de la familia Perron y sus encuentros sobrenaturales en su casa de Rhode Island. Ed y Lorraine Warren, investigadores de renombre en el mundo de los fenómenos paranormales, son llamados por una familia aterrorizada por una presencia oscura en una granja aislada.

Ningún organismo viviente puede subsistir mucho tiempo, sin volverse loco, en un estadio de conciencia absoluta; algunos suponen que incluso las alondras y los saltamontes sueñan. Hill House, misteriosa, se perfilaba sobre el fondo de sus colinas preñadas de oscuridad; así se alzaba desde hacía ochenta años y así podría seguir ochenta más. En su interior, las paredes seguían rectas, los ladrillos limpiamente ensamblados, los suelos eran firmes y las puertas cerraban bien; el silencio yacía mansamente en la madera y la piedra, y fuera lo fuera lo que por allí andaba, lo hacía en soledad.
Shirley Jackson, “The haunting of Hill House”

Este arranque pertenece al que posiblemente sea el mejor libro que se ha escrito sobre casas encantadas. A pesar de contar con maravillosas obras literarias, en el cine ha sido un sub-género que no ha tenido tanta suerte como otros iconos terroríficos. Por ese motivo hay que celebrar la llegada de una película como The Conjuring, que nos devuelve un tema que todavía funciona si se maneja con sutilidad. Y ahora perdónenme el apunte, pero quien iba a decirme a mí que iba a unir las palabras sutil y James Wan en una misma frase.
 Me explico rápido, para que ningún fan de Saw me despedace con una tostadora enrollada en un cable de acero lleno de púas. Wan se hizo famoso por crear la franquicia Saw, y no quiero quitarle mérito a su película, que tenía algunas ideas interesantes, pero no era precisamente sutil. Tampoco lo fueron Dead Silence (2007) o Sentencia de muerte (2007), filmes con unas pocas secuencias impactantes pero de argumentos manidos. Hasta ahí el director Malayo se había creado un gran número de fans jóvenes (Y no tan jóvenes), atraídos por los sustos, la sangre y la adrenalina de sus producciones.

 Entonces llega 2011 y rueda Insidious, una película que no reniega de escenas de impacto –quizás una parte final demasiado discotequera- pero que también se mueve en el campo de lo sugerido. Utiliza el fuera de campo con destreza y nos da sustos tras haber elaborado unos momentos previos de suspense. Algunos dirán que eso ya se podía apreciar en Dead silence, y recuerdo una secuencia magnífica al respecto, pero Insidious potencia lo que le faltaba a aquella –quizás gracias a un guión no tan endeble- y parece que Wan juega con el engranaje necesario para crear inquietud. 
 

 Después del éxito del film interpretado por Patrick Willson y Rose Byrne, cualquier fan del fantástico ya esperaba ansioso el nuevo estreno del, para algunos, nuevo rey del terror. Mis expectativas se redujeron cuando por fin me enteré del argumento de su nueva película: The Conjuring. Parecía que el director quería repetir la fórmula hasta agotarla, volver a contar lo mismo hasta que llegase el siguiente Insidious.
Poco después vi el trailer y me dije: “Esto parece lo de siempre, pero, $%&%, que canguelo me ha producido”.

 Era la frase que también hubiera resumido mi opinión a la salida del cine. The Conjuring es la mezcla casi perfecta entre sustos y suspense, entre atmósfera y clímax. Si Poltergeist (1982) marcó –para bien y para mal- una nueva forma de hacer cine de terror, el film de Wan es la confirmación de aquello, pero reescrito para las generaciones actuales. ¿Las diferencias? La unión de espectáculo y terror que Tobe Hooper y Spielberg dirigieron a pachas, perdía gas a medida que se acercaba el final de la cinta, inaugurando lo que posteriormente se denominaría como “terror de discoteca” (por los juegos de luces y la pirotecnia varia).
Aquí también hay un final de infarto lleno de efectos, pero aún así resulta contenido y coherente, y prima la búsqueda de la solución del conflicto por encima de lo visual. 
También The Conjuring acumula estereotipos y lugares comunes: Muñecos diábolicos, casas encantadas, posesiones, poltergeist, etc. Pero todos estos elementos están tan bien batidos en la coctelera de James Wan, que su sabor no sólo refresca y gusta, sino que perdura. A eso ayuda mucho una labor técnica impecable: Fotografía, vestuario (El film está ambientado en los setenta), música, y como no, interpretación. Verga Farmiga es una médium hogareña y familiar, pero también inquietante, poseedora de secretos y miedos que la convierten en un personaje de sumo interés.
 Lily Taylor asume el papel de madre sufridora que debe hacer frente a una casa encantada,  y lo hace desde una interpretación llena de sensibilidad y angustia, que la redime de su horrorosa aparición en aquella adaptación infame del clásico de Shirley Jackson (La guarida, 1999). Patrick Willson presta su saber estar y los secundarios -tanto los niños como los ayudantes de los Warren- acompañan a la perfección.

Como suele ser habitual en mis comentarios, no voy a destripar la película, y tampoco es que contenga novedades arguméntales con respecto a otras grandes casas encantadas, ya sean mansiones del infierno o Amytivilles. Sólo os pido que no perdáis la oportunidad de verla en pantalla grande, para disfrutar al máximo de los sustos, de la tensión y del suspense, ya que es probable que pueda perder algo de fuerza en la pequeña pantalla.
Resumiendo, The Conjuring significa el do de pecho de su director, un clásico desde ya, un film para no dejar de... Dar palmadas.



jueves, 1 de agosto de 2013

MANOS PARA "LA MANO": Festival de cine Fantástico y de terror en Alcobendas y San Sebastián de los Reyes



Del 28 al 31 de Octubre se celebrará en Alcobendas y San Sebastián de los Reyes el Festival de cine de Fantástico y de terror “La mano”. Se agradece que por fin haya un Festival "oficial" en nuestras localidades, y desde aquí quiero dar mi enhorabuena a los organizadores del evento.

En su página de Facebook tienen un post en el que preguntan sobre manos literarias, fílmicas, etc; Así que voy a hablar sobre las manos que recuerdo o tengo a mano. Eso si, tendré que escribir con los lápices que he clavado en mis muñones. Mis manos acaban de llegar a un acuerdo para cortarse la una a la otra,  y estoy casi seguro de que se han ido a echar la matrícula a un conocido Colegio de Alcobendas.Además de bilingüe, tengo entendido que abren bastante la mano en los exámenes...

Las manos sin dueño han sido una constante a lo largo de la historia. Las que eran habitualmente más cercenadas eran las manos de los esclavos y ladrones, que de ese modo eran no sólo castigados, sino reconocidos por sus actos. Paradójicamente, y según  una leyenda Europea, algunos ladrones se servían de manos amputadas para cometer sus fechorías. Estas extremidades recibían el nombre de “La mano de gloria”, un amuleto mágico que se empezó a utilizar durante la caza de brujas, allá por el 1588.

Para que este objeto funcionase, la mano debía ser cortada del cuerpo aún caliente de un ahorcado; Os dejo con la explicación de su fabricación, de manos del escritor Collin de Plancy, que en su “Diccionario infernal” (1826) expone su fabricación al detalle:

Se envuelve en un trozo de sábana mortuoria, prensándola fuertemente para que pueda salir el resto de sangre aún contenida en sus venas; luego se deposita en un jarrón de terracota, con sal, sal de piedra (nitrato de potasio), pimienta en grano y ...., todo bien pulverizado. Se deja reposar durante quince días; después, se expondrá al sol en época de canícula, hasta que quede bien disecada; si el sol no bastara, se puede poner en un horno encendido con esparraguera y verbena. Luego se compondrá una especie de vela, con la grasa del ahorcado, cera virgen y sésamo de Laponia; se sirve uno de la mano de gloria como de un candelabro para tener esa maravillosa vela encendida. En todos los sitios donde se irá con ese diabólico instrumento, aquellos que moran en ellos permanecerán inmóviles, sin poder moverse como si estuvieran muertos."

Los ladrones la usaban para volverse invisibles o para inmovilizar a aquellos que miraban su luz mientras eran presas del hurto. Autores como Stevenson y Dumas introdujeron este curioso instrumento en alguno de sus relatos.

Todo este folclore pudo servir de inspiración para que algunos escritores vieran la mano como una posible extremidad independiente del cuerpo, mágica o maligna. Uno de los pioneros en utilizar una mano vengativa fue Sutherland Menzies en 1838; el cuento de Menzies resulta un relato de lo más chocante, pues si el hecho de que una mano cortada acosara al que la había cercenado hasta provocarle la muerte ya era algo novedoso para su época, lo era aún más al descubrir que la mano pertenecía a ... Un hombre lobo. Este relato se titula “Hughes, el hombre lobo”, y es toda una delicia del fantástico.
Más tarde, ya en 1890, Guy de Maupassant legaba el primer asesinato de una mano vengativa en el extraordinario cuento “La mano” (O “La mano disecada”), donde una mano encadenada, trofeo de un cazador, se liberaba y estrangulaba a su carcelero.
A partir de entonces, muchos autores adscritos al periodo de las “Ghost Stories” empezaron a poblar de manos sus páginas. El primero del que tengo conocimiento (Puede que haya otros) es de Arthur Conan Doyle, publicado en 1899, y se titula “La mano parda”. En este fascinante relato, el fantasma manco de un hindú acosaba al protagonista de turno, quien conseguía librarse del acoso dándole al fantasma gato por liebre, o lo que es lo mismo, una mano nueva (de un muerto) con la que sustituir a la que perdió cuando estaba con vida. En los años sesenta se hizo una serie de Tv dedicada a Arthur Conan Doyle, y uno de los episodios es una adaptación de este relato. 
Pero quizás el libro que marcaría años después el inicio de todo un sub-género dentro del cine de terror fue “Las manos de Orlac”(1920),  del escritor Francés Maurice Renard.
El libro cuenta la historia del Doctor Gogol, un hombre de pocos escrúpulos enamorado de Yvonne Orlac, la esposa del pianista Stephen Orlac. El pianista sufre un accidente de tren, y sus manos son amputadas. Yvonne pide ayuda a Gogol, que le transplanta las manos de un asesino (Louis Vasseur). La operación parece funcionar, y el organismo de Orlac no rechaza las nuevas manos. Sin embargo, Orlac descubrirá que de vez en cuando le entran unas irrefrenables ganas de matar a todo quisque.

Este también es el argumento de la adaptación más famosa de la novela. Una versión interpretada por Peter Lorre y dirigida por Karl Freund en el año 35. Anteriormente ya se había estrenado una versión muda en el año 24, dirigida ni más ni menos que por Robert Wiene. Hay otra versión del año 60 que cuenta en su reparto con Mel Ferrer y con el mismísimo Christopher Lee, en pleno apogeo de sus facultades vampiricas.

Poco después de la novela de Renard, en 1928, William F. Harvey  publicaba “La bestia de los cinco dedos”, un magnífico relato que también tendría eco en el cine años después, y curiosamente también con Peter Lorre. A pesar de ser un cuento de carácter psicológico, es también una de las mejores historias en la que una mano cortada asesina a un ser humano. En este caso la mano pertenecía a un millonario que había practicado brujería.

La versión dirigida por Robert Florey es una de esas películas a reivindicar, una joyita que no debería pasar inadvertida. 
Estos relatos y libros han ido siendo más o menos copiados-homenajeados por películas más recientes. Una de las más conocidas es “La mano”(1981) de Oliver Stone, adaptación de una novela de un tal Mark Brandel, sobre un dibujante de comics interpretado por Michael Caine, que pierde la mano en un accidente y parece volver para vengarse de sus enemigos. Una interesante variable de “La bestia de los cinco dedos” con un siempre gran Caine. Años antes también se habían rodado otras versiones no oficiales del relato de Harvey, de las que destacaría “Ahora empiezan los gritos”(1973), de Roy Ward Baker, donde una mano fantasma acosa a una mujer en un castillo gótico regentado por una maldición familiar. Un sugestivo film de la Amicus con la presencia de Peter Cushing y Herbert Lom.
También la Hammer estrenó su particular versión de “Las manos de Orlac” con “Las manos del destripador” (1971), de Peter Sasdy, una de las mejores películas de la productora de su última época, en la que una descendiente de Jack el destripador es poseída por el espíritu del asesino para continuar cometiendo crimenes. Otra versión más reciente de la obra de Renard, fue “Cuerpo maldito” (1991), de Eric Red. Con una estupenda interpretación de Jeff Fahey, la película de Red ha ganado con los años y se muestra como un inquietante y macabro cuento de terror noventero. Tampoco olvidar la muy divertida y reivindicable “El diablo metió la mano” (1999), de Rodman Flender.
Que yo recuerde, del rey del terror, Stephen King, no he encontrado ningún relato concreto de una mano amputada, pero puede que yo no lo haya leído.
 Eso si, en el imprescindible libro de cuentos “El umbral de la noche”(1978), hay un relato titulado “Soy la puerta” en el que la mano de un astronauta es poseída por una fuerza alienígena asesina. A la mano le surgen unos ojos en las yemas y, bueno, mejor lo leéis.

Para terminar añadir algunas pelis que incluyen manos cortadas pero que no son parte fundamental del guión.
 Sería un delito no nombrar la mano amputada de Ash en “Terroríficamente muertos”(1987) de Raimi, los dedos con ojo de “Reanimator”(1985), de Stuart Gordon, Cosa de "La familia Addams" (1991), o la mano de un zombie que consigue salir ilesa del “Museo de cera” (1988), de Anthony Hickox.
 Al hilo del film del, en mi opinión, subvalorado Hickox, decir que la reciente y exitosa “The cabin in the woods”(2011), de Drew Goddard bebe mucho de “Museo de cera”, al punto de incluir también una especie de homenaje a la mano de aquel zombie.

 No querría olvidar que el mundo del comic también se ha nutrido de manos asesinas, como en la colección Vault of horror ("Échame una mano",1951) y otras de la entrañable E.C comics.
Seguro que me dejo un montón de relatos y filmes; a ver si alguién puede ir aportando algunas más que ir descubriendo.
Pues nada, que a ver si un día de estos vemos una película de la mano del Colegio Bachiller Alonso, con Luis Tosar de protagonista y dirigida, pongamos, por Jaume Balagueró. Por pedir que no quede.

martes, 2 de abril de 2013

RECOMENDACIONES EN DVD


Sinister, 2012, Director: Scott Derrikson, Reparto: Ethan Hawke, James Ransone, Juliet Rylance.
Un periodista viaja con su familia a lo largo y ancho del país para investigar terribles asesinatos que luego convierte en libros. Cuando llega a una casa donde ha tenido lugar el asesinato de una familia, encuentra una cinta que desvela horribles pistas que van más allá del esclarecimiento de la tragedia.

Aunque concebida a la sombra de Insidious, había dos nombres que en seguida atrajeron mi curiosidad sobre este film: Ethan Hawke y Scott Derrikson. En primer lugar llamaba la atención que un actor como Hawke interviniese en un film de terror, por lo que se podían suponer dos cosas: O le interesaba el proyecto o necesitaba pasta. Como no sabemos la respuesta, después de haber visto la película, vamos a conjeturar que lo hizo atraído por un argumento con más jugo de lo normal. 

Scott Derrikson venía de un batacazo como Ultimatum a la tierra (2008), pero el que volviera al terror puro y duro era una excelente señal, dado el éxito de crítica y público que consiguió El exorcismo de Emily Rose(2005). En mi opinión,  no sólo ha superado a esta última, si no que además creo que Sinister es el mejor film de terror estrenado el año pasado. Claro, no es decir mucho dado el bajo nivel que recorre cada una de las producciones que se estrenan en el mundo. 
Digo esto porque hasta hace poco había algunas cinematografías que salvaban el año terrorífico: De Japón, Corea o Australia nos llegaban títulos atractivos, interesantes, diferentes. Pero eso se acabó, desgraciadamente. Parece que la crisis mundial afectó a la ya agónica crisis del género, y la cosa ha ido de mal en peor. Así que, muy de cuando en cuando, nos llega un Sinister, un film que nos devuelve, aunque sea a ratos, la sensación de estar viendo una película de género seria, con personajes interesantes y una trama que no se derrumba después de la primera media hora. 

Sinister logra un buen equilibrio en su conjunto, a pesar de adolecer de sutilidad en momentos clave, un lastre habitual en los films que van dirigidos al gran público. De haber prescindido de ciertas imágenes típicas en el género, estaríamos hablando de un film notable.

 Sinister contiene una atmósfera opresiva, llena de sombras que sugieren más que muestran. Premio para la estupenda fotografía de Chris Norr, que juega con la oscuridad para crear tensión en el espectador. Hay un momento en el que Hawke y su esposa están en la  cama, hablando. Un plano de la mujer deja aire a su derecha, donde se ve el fondo del cuarto, casi a oscuras. Una toma sencilla, pero en la que no puedes dejar de estar pendiente de esas tinieblas que parecen esconder algo.

 Además, Derrikson cuenta en el guion con una baza que puede jugar a favor de un film o hundirlo de forma irremediable: Grabaciones encontradas en super 8. Y aquí el director aprueba con nota, con algunos momentos especialmente lúgubres, macabros e intensos. 

Sumemos a todo esto una de las bandas sonoras más siniestras que he escuchado en mucho tiempo, el trabajo más que correcto de Hawke y los secundarios, y una buena labor de montaje. Sinister es un producto sólido, al que se le puede poner el “pero” comentado antes y  el final, demasiado gráfico para el tono del film y con un tufillo a “continuará” poco aconsejable.

 Puede que Sinister  no se convierta en un film de culto, o sí, pero desde luego es un título recomendable para los que echan de menos un buen cine de terror. 


 Tyrannosaur, 2011, Paddy Considine, Reparto: Peter Mullan, Olivia Collman, Eddie Marsan.
Joseph (Peter Mullan), un viudo alcohólico, violento y autodestructivo, encuentra una esperanza de redención en Hannah (Olivia Colman), una mujer muy religiosa a la que conoce a raíz de un altercado. Al principio Joseph se burla de su fe y da por supuesto que su vida de creyente debe de ser muy apacible, pero pronto descubre que, por el contrario, está llena de dolor y confusión. A medida que su relación se consolida, ambos se dan cuenta de que el amor y la amistad pueden encontrarse incluso en los lugares más oscuros.

El actor Paddy Considine debuta en la dirección con este impactante drama, interpretado por un Peter Mullan y una Olivia Collman brillantes. Tras el verdadero título en inglés, “Tyrannosaur”, Considine narra un muy duro retrato de dos seres humanos al límite, cada uno enfrentado a circunstancias extremas, que nos pueden parecer  lejanas, pero que laten en el corazón de nuestras ciudades constantemente. 

Mullan interpreta a un hombre violento que proviene de un barrio marginal donde sólo sobrevive el más fuerte. Ella vive acosada por su marido, un individuo brutal y posesivo que ha convertido a su pareja en un títere, en una persona sin autoestima y sin defensas.
Mullan y ella se conocen, e inician una relación marcada por el pasado de ambos. La película refleja a la perfección la necesidad que siente el uno por el otro, nacida de la desesperación, del no encontrar nunca una salida a sus problemas.

Redención habla de una redención, sí, pero también muestra los entresijos de la sociedad moderna, inhumana y vacua, que crea monstruos y los alimenta sin pudor, para luego mostrárnoslos -cuando ya no hay remedio- en los medios de comunicación como atracciones de feria.

Quedan avisados, es un film descarnado, con momentos crueles y desconcertantes, no apto para todos los públicos. Pero merece la pena ver a Mullan metido en un papel que parece hecho a su medida; este hombre debería haber estado nominado al Oscar por este papel, y su compañera de reparto no debería haberse quedado atrás.
Considine apunta buenas maneras. Su dirección es vigorosa y saca hasta la última gota de talento a su reparto. No es una película con un gran guion, pero lo que cuenta está narrado con firmeza, es una magnífica  cinta de actores y está por encima del nivel del cine que nos llega de las islas últimamente.

Puede que muchos digan que el final no es muy consecuente, pero, ¿Acaso no estamos ante un cuento moderno con moraleja incluída?






viernes, 15 de marzo de 2013

SCOTT ADKINS: El nuevo rey del cine de acción (II)


Entre las dos secuelas de Invicto, Adkins intervino en varios proyectos, uno de ellos junto a Van Damme, El patrullero (2008), con el que repetiría en Juego de asesinos (2011) y en Los mercenarios 2 (2012). También intervino en pequeños papeles para películas de gran presupuesto (Lobezno, El ultimátum de Bourne), y por último encabezó un reparto por primera vez en Ninja (2009), un film ajustado para Adkins,  que no obtuvo mucho éxito pero que resulta un ámeno pasatiempo (Adkins ya prepara su secuela). Y así llegamos a sus últimos trabajos, los que deberían lanzar una carrera en el cine de acción que ya se prometía difícil cuando empezó, dado que, aparte de Statham y Willis, en los últimos años ningún actor de acción ha conseguido  atraer al público a las grandes salas. 

La primera, Soldado universal: Day of reckoning, no es que vaya a romper la taquilla, pero cuenta con un trio (Van Damme, Adkins, Lundgren) lo suficientemente llamativo como para venderse bien en muchos países a través de formatos domésticos. Entre estos países no debe incluirse  España, quien sabe si porque no renta invertir en un país con tanto piratilla. Ocurre que, una vez vista, quien sabe si muchos fans de estos actores no se habrán sentido estafados. 
 
Y es que cuando un fan de Van Damme acude a ver una de sus cintas, en la que además aparecen Lungren y Adkins, espera que haya tortas, malos sin dos dedos de frente y un argumento simple y mascadito. Casi todo lo contrario de lo que podemos encontrar en una secuela que no parece una secuela, sino todo lo contrario.
 ¿Por dónde empezar? Es complicado. ¿Se puede afirmar que Day of reckoning es un film de acción con una trama compleja?, ¿Es acaso el primer largometraje de lo que podría ser un nuevo género, algo así como cine de autor de acción? Pues puede que las dos preguntas tengan una respuesta afirmativa, ya que lo que sí se puede concluir es que John Hyams (No Florentine) quería hacer una película distinta, con una estética oscura, surrealista, bizarra, que contuviese acción pero también un mensaje y un estudio de personajes; quería rodar un film con forma y fondo, así que el bueno de Hyams tiró de referentes y se preguntó: ¿Por qué voy a inventarme algo nuevo si ya está inventado? Y, ay, no se le ocurrió otra cosa que usar de espejo una cima del séptimo arte como Apocalipse Now. Pero es que no sólo la uso de espejo, sino de calco, porque hay tantas referencias directas al film de Coppola, tantos plagios estéticos y narrativos que cualquiera que ame el cine acaba abochornado ante tanto dislate. Y lo peor (O mejor) es que ahí no acaban los gustos cinéfilos de este Hyams desatado, ya que se atreve a  crear atmósferas oníricas que recuerdan mucho a Lynch, con lo que el potaje puede resultarle intragable o indigesto a más de uno.

Si uno acepta barco como animal de compañía, o lo que es lo mismo, a Van Damme como Coronel Kurtz, puede pasar un rato entre anodino y entretenido, pues el film tiene unos cuantos atractivos, entre los que destacan, sobretodo, unas (Pocas) peleas salvajes y magníficamente rodadas, donde sale a flote el verdadero talento del hijo de Peter Hyams. Adkins da patadas como nadie y también se ajusta a su papel sin aspavientos y con naturalidad, siendo el mejor parado de la santa trinidad Soldadiesca. De Van Damme y Lundgren, mejor no hablar. El guión no se sostiene ni con una grua, pero tiene algunos elementos interesantes centrados en el personaje de Adkins y en la resolución del conflicto.
Desde luego hay que saludar el atrevimiento de Hyams,  ojalá otros siguieran su ejemplo de intentar hacer algo diferente, a pesar de lo fallido del resultado.

El que suscribe prefiere ver este tipo de película a,  por ejemplo, lo último que ha rodado Adkins: El gringo. La película de Eduardo Rodriguez es el típico subproducto de serie B, apañado, moderniqui (Con sus presentaciones de personajes tipo Feast) pero mediocre y poco sugestivo. Aquí Adkins es presentado como un héroe de acción todoterreno: Dispara, pelea y salta mientras liquida a treinta malos por minuto. No se le da mal este nuevo rol. Se mueve con soltura y puede llevar las riendas de una película de este tipo con solvencia, hasta ahí, no problemo. Pero si Adkins quiere triunfar más allá de los circuitos caseros,  debería saber elegir con más acierto sus futuros proyectos.

 Una película como El gringo no aporta nada a su carrera, más bien todo lo contrario. Vale que es una peli resultona, la producción es decente y el argumento, a pesar de ser flojo, no contiene demasiados disparates. Pero a estas alturas Adkins necesita un film que no se parezca a otros mil similares de los que se editan a lo largo del año

El gringo satisfará a los que busquen un film de acción al uso: un antihéroe muy duro, malos muy malos, chica escultural y un pueblo fronterizo. Acción en grandes cantidades y un happy end típico y tópico. Ni más ni menos. Esperemos que nuestro mamporrero actual favorito (Con permiso de Statham) sepa acertar en la próxima ocasión, aunque también es verdad que tiene pendiente un film de dudosa calidad que no promete demasiado: Re-kill.
 
En todo caso, seguro que tenemos a Adkins para rato. Que no decaiga.


sábado, 2 de marzo de 2013

ESTRENOS DVD

Vamos con el comentario de un par de films estrenados en las últimas semanas.

            

TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN

We need to talk about Kevin, Director: Lynne Ramsay, Reparto: Tilda Swinton, Ezra Miller, John C. Reilly.
 

Adaptación de la novela homónima de Lionel Shriver. Eva, una mujer satisfecha consigo misma, es autora y editora de guías de viaje. Casada desde hace años con Franklin, un fotógrafo que trabaja en publicidad, decide, con casi cuarenta años y tras muchas dudas, tener un hijo. Así nacerá Kevin. Pero, ya desde el principio, empiezan a surgir dificultades...
 
He descubierto, con algo de retraso, una de las sorpresas del cine independiente del año pasado. Tenemos que hablar de Kevin agrega una interesante variante al cine de psicópatas; la historia de un ser amoral nos es contada desde el punto de vista de la madre del mismo, y es sumamente atrayente asistir al crecimiento de un futuro asesino desde sus primeros pasos, mientras la madre asiste impotente a la formación de un individuo implacable.
Ciertos sectores de la crítica acusaron a su directora de imponer su metafórico, apabullante y en ocasiones confuso estilo visual por encima de la historia. No les voy a quitar toda la razón, ya que el comienzo, más que confuso, resulta algo torpe, y puede echar para atrás a unos cuantos espectadores poco pacientes. 

Ramsay pone demasiado énfasis visual en momentos irrelevantes y no termina de sacar partido a un par de escenas fundamentales, las cuales habrían engrandecido un film ya de por si notable. A pesar de estos inconvenientes, parece incuestionable el talento de Ramsay, pues si el film es diferente, es gracias a esas continuas metáforas narrativas, a las que se suman unas elegantes elipsis y una creación de atmósferas a medio camino entre Lynch y Malick. 
 
Tenemos que hablar… se construye a base de un rompecabezas de flashbacks, intrincado al principio, apasionante a ratos, satisfactorio al final. Tilda Swinton es una actriz acostumbrada a papeles atormentados y extremos, pero aquí da un paso más allá encarnando a un personaje muy difícil, lleno de unos demonios interiores que no puede exteriorizar y que la obligan a dar lo mejor de su repertorio interpretativo. El resto del reparto aprueba con nota, aunque el personaje de John C. Reilly hubiera merecido más desarrollo.
Una película que ha tenido poca publicidad, escaso éxito, y
que hubiera merecido mayor reconocimiento en los festivales a los que acudió. Una directora a seguir de cerca, sobre todo si se deja de mirar un poco el ombligo artístico.


                 

MATALOS SUAVEMENTE
 
Killing them softly, Director: Andrew Dominik, Reparto: Bradd Pitt, Richard Jenkins, Scott Mcnairy.
La mafia se siente amenazada cuando unos desconocidos asaltan a los asistentes a una partida de póker. Los capos acuden al investigador Jackie Cogan (Brad Pitt) para encontrar a los culpables, responsables de una serie de robos a casinos protegidos por los propios mafiosos. Sin embargo, la misión de Cogan se complica entre indecisos, estafadores de segunda, asesinos cansados... y la situación comienza a degenerar poco a poco.

 
Sin mucho (O con mucho) temor a equivocarme, me aventuro a afirmar que, en manos de otro director, Killing them softly hubiera sido un mal hibrido entre una película de Ritchie y otra de Tarantino. Diálogos rápidos -a veces mareantes-, personajes fuera de la ley con puntos de vista peculiares sobre lo que hacen y por qué lo hacen, violencia expuesta con crudeza pero visualmente atractiva… Todos esos tics que han terminado intoxicando el cine negro moderno se pueden encontrar en este film dirigido por Andrew Dominik, quien ya mostrase maneras en El asesinato de Jesse James a manos del cobarde Robert Ford.
Dominik vuelve a parecer un alumno aventajado, un director con un lenguaje propio que tan pronto te rueda una buena escena de tensión (El robo) como filma con maestría un asesinato a punta de pistola desde un coche. Por ese motivo me dio la sensación de que aquí no termina de exprimir las virtudes que demostraba en su primer film.

Es posible que el problema sea un guion que nos suena demasiado, y que da la sensación de que también le sonó al propio Dominik, que parece poner el piloto automático en algunas secuencias. Como muestra sirva el primer encuentro entre Pitt y Gandolfini en un restaurante, donde podemos asistir, estupefactos, a una cantidad de errores de racord pocas veces visto en una gran pantalla. Si lo hubiera hecho adrede no le hubiera quedado mejor. Una lástima, porque además el personaje de Gandolfini acaba siendo sorprendentemente desaprovechado.

 
Dicho esto, no creo que estemos ante una producción desdeñable, ni mucho menos. Es un film entretenido, vistoso, bien ambientado; y el argumento, aunque con poca garra, te mantiene atento durante el metraje; todo el mérito para el buen hacer de su director, que le saca partido a Pitt, a los dos ladrones que encarnan los actores Mcnairy y Mendelsohn, y que marca un ritmo que no decae a lo largo de la cinta. Además, la trama también cuenta con una novedosa crítica a la crisis mundial, que termina encajando gracias a la última y acertada intervención de Pitt.
 
En resumidas cuentas, Matalos suavemente me parece un film irregular en conjunto, que se queda corto. Quizás por no tener la suficiente enjundia, quizás por las altas expectativas que había levantado el segundo trabajo de un director llamado a realizar proyectos más ambiciosos
 

jueves, 21 de febrero de 2013

SCOTT ADKINS: El nuevo rey del cine de acción (I)


 Scott Adkins nació en Inglaterra en 1976. Desde pequeño fue un entusiasta del deporte, y con 10 años le empezó a coger el gustillo a las artes marciales. Tanto le picó el gusanillo que ahora es experto en múltiples especialidades, desde Taekwondo a Kung fu, pasando por Kickboxing y Jujutsu. Decidido a probar suerte en el cine, entró en la escuela de arte dramático de Coldfield, y sus primeras apariciones en la gran pantalla se produjeron en pequeños papeles para películas asiáticas, entre las que destacan Black Mask 2 o El poder del talismán. En 2005 peleó contra Jet li en  Danny the Dog, en la que fue la antesala de su primer gran éxito: Invicto II. 
 
La primera parte de Invicto (2002), fue interpretada por Ving Rhames y Wesley Snipes, y dirigida  por Walter Hill. El film tenía un argumento, al menos, peculiar: Un campeón de boxeo es condenado por un crimen que dice no haber cometido; en la cárcel es retado oficialmente por un convicto  a un combate para demostrar quién es  mejor peleando. A pesar de que está lejos de ser uno de las mejores obras de Hill, las buenas interpretaciones de todo el reparto y una entretenida parte final salvaban de la quema un producto que no abandona la etiqueta de convencional.
El éxito de taquilla en Estados Unidos dio paso a dos secuelas tardías, una en 2005 y otra en 2010. Invicto II no iba a contar con nadie del reparto original, y se iba a rodar con cuatro duros desembolsados por la temible productora Nu Image. Se escogió de director a Isaac Florentine, labrado en productos parecidos, y se apostó por dos figuras emergentes en el cine de acción: Michael Jai White y Scott Adkins. Nada hacía presagiar que Invicto II no sólo iba a conseguir superar a la primera parte en acción, sino que además lanzaría al estrellato al villano de la función, un Scott Adkins muy metido en su papel, que resultó ser además la contra réplica perfecta para el armario Jai White.  

Invicto II es un regalo para todos los aficionados del cine de acción, pero especialmente a los que amamos la serie b de los ochenta. En ella se encuentran todos los tópicos de cintas como Encerrado o Libertad para morir: Es una película de cárceles, y no pueden faltar los alcaides corruptos, los presos ultra violentos y las peleas en las duchas

Todo suena a visto, pero la historia fluye con una naturalidad y una falta de pretensiones que en muchas ocasiones evoca ese cine de serie b olvidado que apostaba por el entretenimiento y lo políticamente incorrecto. El bueno de la película es tan macarra o más que el villano, los diálogos son rápidos, en algunos casos ingeniosos, y  el ritmo no desfallece en ningún momento. Y lo fundamental, las peleas son magníficas, las coreografías son de primera, y tanto como White como Adkins nos asombran con golpes increíbles y brutales. De haber contado con un guión un poco más trabajado, estaríamos hablando de una buena película a todos los niveles, pero en mi opinión, ese honor se lo concedo a Invicto III. Adkins repitió papel en la tercera parte, pero White no, y Florentine regresó como director, a sabiendas de que la dos había sido su mejor película hasta la fecha.


 El principal acierto de Invicto III es, primero, dar continuidad  a la segunda parte, y segundo, hacer que el personaje de Adkins evolucione hasta convertirse en uno de los mejores antihéroes del último cine de acción, por no decir del último cine. Para no destripar el final de la segunda parte no hablaré del argumento de esta; baste decir que  en Invicto III se repiten los estereotipos del cine de cárceles y se suma una relación de buddie movies; Adkins y Mykel Shannon Jenkins comparten la suficiente química como para que nos preocupemos por sus problemas;  los diálogos y el humor vuelven a estar por encima de lo habitual en este tipo de producciones, y el nivel técnico de las peleas es impresionante. Adkins puede que no sea Marlon Brando, pero sus gestos son los de un actor correcto, que aquí borda el empeño y la fuerza que debe mostrar su personaje. Florentine dirige sin florituras pero con sentido narrativo, y rueda los mamporros con una claridad espectacular y sin medias tintas: es un film ultraviolento y con mucha sangre.  Y el final, sencillo pero emotivo, me pareció un broche perfecto para un film de obligada visión para los fans de las tortas.
A estas alturas del cuento es difícil lograr una película de acción que sorprenda, y aunque a veces da la impresión de que eso sólo se puede alcanzar a base de explosiones y efectos digitales, Invicto III demuestra que el cuerpo humano (Y el cine de bajo presupuesto) todavía es capaz de darnos muchas alegrias.  (Continuará)


miércoles, 6 de febrero de 2013

AMOR



Amour, 2012, Director: Michael Haneke, Reparto: Jean-Lous Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert.

Sinopsis: Georges y Anne, los ochenta cumplidos, son dos profesores de música clásica jubilados que viven en París. Su hija también se dedica a la música, y vive en Londres con su marido británico. Un día, Anne sufre un infarto. Al volver del hospital, un lado de su cuerpo está paralizado. El amor que ha unido a la pareja durante tantos años se verá puesto a prueba.

Seré sincero: En un futuro cercano no creo que vuelva a ver esta película de Haneke, como tampoco creo que de momento me apetezca revivir de nuevo films como Funny Games, La pianista o Cache; Quizás si revisione La cinta blanca, en mi opinión su mejor film, por una cuestión de detalles. No me malinterpreten (Ni me crean mucho), me encantan todas ellas, y Haneke es un director de obligada referencia, pero un film de Haneke es como una mala noticia. Una vez termina una de sus películas y se encienden las luces de la sala, te sientes como cuando te dicen que tu perro ha sido atropellado, como cuando te dan una carta de despido; Es como si tu novia te dijera que te ha dejado por otro, como si el médico te escupiese que te quedan tres meses de vida. Haneke te planta delante de una realidad tan cercana a ti que no puedes esquivarla, que te da de cara, que se te mete en las tripas. No es que sus filmes te dejen impactado durante un rato, si sólo fuera eso... No, se deslizan por tus pensamientos y se convierten en recuerdos vividos, tan vividos como si los hubieras experimentado tu mismo. Cada película de Haneke es una experiencia que entra a formar parte de ti, y es una experiencia casi siempre dura, desgarradora, sin concesiones.

Vale, quizás estoy exagerando, y tampoco soy de los que deshecho las películas porque reflejen una realidad que no queremos admitir o que no deseamos ver, pero quería expresar como me sentí tras ver Amor, pues opino que si uno llega a entrar en la película, la acaba sintiendo, aunque no por ello deje de admirar el “como” Haneke logra que la sintamos.

Está historia de la decrepitud de dos ancianos podría haber sido más dura visualmente, pero Haneke, como habitualmente suelen hacer los grandes, nos muestra sólo la superficie, para que nosotros tengamos que añadir lo demás, lo cual hace que el relato imaginado sea  más poderoso del que nos narra el film. Un ejemplo: Haneke es quizás el mejor director vivo utilizando los fuera de campo. Es una maravilla como crea tensión sin recurrir a artificios y piruetas de cámara, como nos obliga a pensar en lo que le ocurre a otro personaje en otra habitación.
Tampoco hay que dejar atrás el uso de los tiempos y el espacio que hace este director, o su dirección de actores: tremenda.
He leído algunas críticas que hablan de que Haneke ha rodado su film más tierno. Bueno, es posible que si lo comparamos con el resto de su filmografía sea cierto, pero vamos, que no se la recomiendo a los fanáticos de Disney, como tampoco lo haría a los que opinan que La roca es un film lento. Para el resto, imprescindible.